Cartas de Kristina Díaz

Febrero 2008

 
 

 Con Febrero llego la lluvia, la cuaresma, un tiempo de preparación, el fin de algunas cosas y el comienzo de otras. Trae arrastrado con el seis meses de andar diferente abriendo mi caja de memoria colectiva pero esta vez miro para sacar recuerdos específicos de un tiempo específico. Para esto mi gente necesito entrar en mi cajita por que aya dentro existe un jardín lleno de árboles de distintos altos y anchos sembrado por personas distintas a lo largo de mi vida.

En febrero visité dos árboles cuyas raíces se extendían profundamente en mi pasado. El primero es de cuando tenía diez años; escrita sobre ella estaban las canciones que aprendí en el campamento de verano en Maguayo cuando recién nos habíamos mudado de vuelta a puerto rico. Estas canciones daban vuelta a un grupo de nombres que estaba escrito en su centro entre estos estaba, Dimas Javier, Cristina, Juan Pablo, Willie, Yamil, Mary Lisa, Lisa Mari, Rafú, Chachie, Harrybel…

Juntos ellos sembraron la semilla que se convirtió en aquel gran árbol y mientras me senté a sus raíces recordando esos tiempos me dio las herramientas y la valentía para compartir eso con los niños en el campamento de escuela bíblica en Montevideo. Sin embargo ese mismo día cuando me sentía muy preparada recibí una carta Harrybel había partido ese mismo día a morar con el señor. Tropecé cayendo hacia atrás entre dos árboles aun mas viejos que el que me había acordado a Harrybel. Me agarre del mas cerca mirando hacia arriba buscando no se que mas aya de sus ramas. Este árbol era el árbol de Margarita ella había fallecido apenas el año pasado durante la época de pascua.
Mi corazon se lleno de angustia pero su nombre se encendió sobre el tronco y ahí escrito palabras de ellas:

“Todo lo que necesitas para salir de este lugar de dolor esta dentro de ti” Estas fueron sus palabras para mi en otro momento de mi vida y eran recordadas y aplicables en este momento también. Sus palabras se encendieron más brillantes que su nombre antes de convertirse en ceniza pintando mis manos tan negro como cuando ayude a preparar las cenizas para el miércoles de cenizas. Pero aun así sus palabras no quedan como polvo que se lava sino más bien como una marca en mi corazón, visible sobre mis manos marcando a todo aquel que yo toque. No soy quien era cuando se sembraron aquellos árboles mis ojos están abiertos a un mundo que amenaza con caer sobre mi cabeza. Hasta mi manera de hablar ha cambiado, se ha transformado la forma en que me expreso hasta el punto de volverse un hibrido extraño entre puertorriqueñismos y argentinismos que por el momento tienen sentido; ¿pero lo tendrán cuando vuelva a casa? Jeje será interesante ver.

Otros árboles se encienden con palabras que me recuerdan que desde el momento en que empezaron a crecer aquellos árboles ya yo era diferente ya había cambiado. Estas palabras nuevas me doy cuenta son lecciones que surgen al oírlas repetidas por los compañeros que me rodean.

Por ejemplo mi amiga Kim estaba compartiendo conmigo y con los demás voluntarios la historia de los niños con los cual trabaja en San Martín. Son todos niños pero a pesar de que son nuevos en el mundo están aprendiendo cosas claves como lo es el compartir no tan solo cuando tenemos poco sino también cuando tenemos mucho. Aprendiendo que no es necesario lanzarse con un puño para agarrar mas cantidad de galletitas en la merienda, que es mejor cuando tomamos nuestro tiempo agarrando uno solo a la vez para darnos cuenta de que todos podremos comer. Recuerdo cuando niña el haber aprendido esta lección y ahora como joven adulto tiene aun mas significado cuando miro al estado del mundo en que vivimos.

También recordé otra lección de mi infancia al salir de entre los árboles mientras otro amigo voluntario mío James compartía sobre parte de sus experiencias. Hablaba de cuando se sentaba a tomar mate y compartir algunas galletitas con una compañera de trabajo. A pesar de que para el lo que tenían era suficiente para compartir entre ellos ella llamaba a todo aquel que estaba cerca para compartir, para que comieran de su mesita. Supongo que los discípulos de cristo se habrán sentido igual en aquella tarde después de la predicación de Jesús al ver que la multitud seguía cerca pero en vez de enviarlos a buscar en donde dormir y comer por que se hacia tarde les llamo y dijo vengan tenemos pan tenemos pescado cortémoslo con amor y compartamos vengan todos tomen su porción hagamos una ronda y tomemos mate.

Es posible que se hayan sentido igual que todas las personas de mi familia ahora en el pasado y lo mas seguro en el futuro cada vez que adoptábamos a un extraño a la familia expandiendo nuestra mesa.

Al terminar de escuchar su relato el viento se comenzó a levantar y mis compañeros voluntarios ya se estaban preparando para partir a sus respectivos hogares luego de un tiempo compartido y mientras esperábamos bajo un cielo nublado observe mi reflexión en un charquito de agua. Podía ver como caían las semillas a todo mi alrededor llevados por un viento que los regaba desde mi jardín al de mis compañeros y viceversa. Mi cuerpo entero estaba cubierto de ceniza y las hojas de los árboles empezaron a caer también en aquel proceso de renovación, pero cuando me mire de nuevo con mas intención me di cuenta de algo muy particular y muy importante. La ceniza que había caído sobre mí en aquel momento era más que ceniza era palabra viva también y en esa palabra viva leí todo sus nombres.

Gracias

No hay nada como el regresar a un lugar que se ha mantenido igual, para poder ver las maneras en que tu mismo has sido cambiado. -Nelson Mandela.
 

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