Instalación Obispo Felipe Lozada Montañez

Reflexión acerca del oficio de Obispo
Por el Rev. Francisco Javier Goitía Padilla

El rito de instalación de Obispo resalta no sólo la definición del oficio sino también la vocación misma de la Iglesia. Cada una de las marcas o símbolos presentados al Obispo son, a la vez, tareas de la Iglesia. De este modo, el oficio se amarra firmemente al lugar donde le toca servir. Veamos.

Nuestro llamado
El báculo y la cruz pectoral son distintivos del oficio de Obispo. Éstos señalan a aquel o aquella que dirige y pastorea la iglesia. El oficio acepta el peso y la proclamación de la cruz. Acepta el cayado, el báculo, que lo identifica como pastor. El cayado se utiliza para atraer y cuidar las ovejas (extremo curvo) así como para protegerlas de los predadores (extremo recto). El oficio es ser pastor de la comunidad de fieles. Pastor de los pastores y pastoras en primer lugar, y pastor de los fieles en tanto cuida y protege la iglesia y cuida y protege a los pastores y pastoras. El cuido de los pastores y pastoras incluye su supervisión y disciplina en los casos que así lo ameriten. Nuestro llamado, como el del oficio de Obispo que nos guía y cuida, es a aceptar el peso y el anuncio de la cruz como el centro de gravedad de nuestras vidas y de la vida de la iglesia. Este llamado incluye también el que nos pastoreemos y protejamos los unos a las otras en el amor del Uno y Trino y Dios.

Nuestra historia y nuestros lentes
La biblia narra la historia de Dios y Su relación con todos los seres humanos y Su creación. El Libro de Concordia es la apropiación que hicieron los reformadores luteranos del siglo 16 de esa historia a partir de la gracia a través de la fe, y esta fe como don de Dios. Tanto las historias bíblicas como el tiempo de la Reforma que produjo el Libro de Concordia tienen las huellas digitales de la geografía, lenguaje, cultura y circunstancias donde surgieron. La biblia, como el documento primario de nuestra fe, contiene enredada entre esas huellas digitales la viva Palabra de Dios que estremece, cambia vidas y anuncia salvación. El Libro de Concordia interpreta con fidelidad el mensaje evangélico y le da identidad y personalidad a nuestra tradición.
Ambos documentos, o colecciones de documentos; la biblia en primerísimo lugar y el Libro de Concordia como los espejuelos particulares de nuestra denominación, nos proveen herramientas, criterios y puntos de referencia para darle sentido y dirección a nuestras vidas. El oficio de Obispo es el curador y salvaguarda de estos documentos en tanto y en cuanto ellos son vida y anuncio de buenas nuevas. El Obispo es el atalaya de la fiel y apropiada intepretación de las Escrituras y procura que ésta sea el centro de la vida y adoración de nuestras congregaciones. Es, además, el que vela que en nuestras congregaciones se predique la Palabra con fidelidad y se administren los sacramentos apropiadamente. El oficio de Obispo, teniendo la biblia y el Libro de Concordia como recursos y tesoros, es el que representa a la denominación en sus conversaciones ecuménicas e interreligiosas de modo que la contribución luterana al diálogo y la conversación acerca de temas importantes se presente con honestidad y fidelidad.


Nosotros y nosotras, todos juntos, compartimos estas historias y estos lentes, los cuales se entrelazan con el lugar y el contexto donde vivimos nuestra fe. Somos cristianos luteranos que adoramos y confesamos en el Caribe y que nos relacionamos con las comunidades hispanas que viven en los Estados Unidos y en la Iglesia Evangélica Luterana en América..

Nuestra fuerza
Aceptar el llamado y afirmar nuestras historias es difícil en estos tiempos. Necesitamos manantiales de reposo y energía, frescos oasis de gracia, fuentes de buenas nuevas y pozos de agua viva de modo que ellos nos den lo que necesitamos para ser testigos de nuestra fe. Eso son los sacramentos. La concha bautismal, el caliz y la patena, le recuerdan al Obispo, y nos recuerdan, dónde está el centro de la vida de la Iglesia. La Palabra proclamada se une a la promesa y al elemento para proveernos lo que necesitamos para vivir: el perdón del Pecado y de los pecados, la fe como don, y los frutos del Espiritu Santo que se derraman en nuestras diferentes vocaciones. Vamos del templo a la vida y de la vida al templo alimentados, nutridos, sustentados, por los medios de gracia. La Iglesia vive salpicada diariamente con las aguas bautismales, reunida alrededor de la mesa y atenta a la Palabra que se hace viva y eficaz en medio de la comunidad y la mutua consolación de los fieles.
El oficio de Obispo es el que en nuestro medio procura que en las congregaciones se proclame la Palabra con fidelidad y se administren los sacramentos correctamente. Es el encargado de adelantar nuestros acuerdos de plena comunión promoviendo una conversación clara y honesta donde los diferentes entendimientos sacramentales se afirmen y complementen sin diluirse. Nosotros, como una comunidad de fe de tradición luterana, tenemos el deber de aprender y enseñar con fidelidad nuestro entendimiento sacramental y de participar frecuentemente de los medios de gracia. Vamos siempre, como ya dije, del templo a la vida y de la vida al templo fortalecidos por los medios de gracia.

Nuestro servicio
Entre el viaje del templo a la vida y el retorno de la vida al templo está el Vayan en paz. Sirvan al Señor. Gracias a Dios. La adoración continúa en el servicio.El servicio culmina en adoración. La toalla y la vasija, como la toalla que se ciñó nuestro Señor y la vasija que utilizó para lavar los pies de sus discípulos, son marcas o símbolos del servicio cristiano. El oficio de Obispo es el oficio de un servidor. El oficio de Obispo modela al buen samaritano como aquel que valora el amor, la misericordia y la entrega al prójimo en necesidad como puntales de la vida cristiana. Nuestra tradición luterana afirma que desde la justificación somos señores libres de todo y sujetos a nadie y desde el amor somos esclavos de todos, sujetos a todo. El Oficio de Obispo, nuestras vocaciones, y la vocación de la Iglesia, son todas vocaciones de servicio en el nombre de Jesucristo al mundo entero y especialmente a aquellos que lo necesitan. Es aquí donde se ubican las buenas obras en nuestra tradición. Es desde aquí desde donde los brazos amorosos e inclusivos de la Iglesia, asumiendo su llamado, y desde donde el oficio de Obispo, descargando el suyo, abrazan y acarician al mundo.


En fin, un Obispo es el pastor, protector y defensor de sus ovejas; es el curador, salvaguarda e intérprete de la fe y la doctrina; es un siervo humilde que bebe y lleva a beber del pozo de los medios de gracia; y es un servidor que cuida la comunidad de los santos y procura la justicia y la paz de todo prójimo en necesidad. Además de todo esto el Obispo es la voz pública de la iglesia y su embajador ecuménico e interreligioso. El rol profético de la Iglesia en la relación orgánica de la Iglesia con su contexto y cultura tiene en el oficio de Obispo su expresión formal y oficial. De igual manera el oficio adelanta y afirma los intereses y aportaciones de nuestra denominación en las alianzas y conversaciones con otras denominaciones y comuniones cristianas así como con otras religiones.
 

Finalmente, el oficio ejerce las funciones administrativas que requiere el buen funcionamiento de toda institución. La administración sana, responsable, programática y visionaria es el brazo funcional que abre el espacio para que todos los demás roles del oficio y tareas de la Iglesia logren realizarse. Por otro lado, son los demás roles del oficio y tareas de la Iglesia; nuestro llamado, nuestra historia y nuestro lentes, nuestra fuerza y nuestro servicio, los punteros que demarcan las prioridades administrativas que se establecen en la Iglesia. Es dentro de estos parámetros que el Obispo guía y dirige a la comunidad de fe proveyendo la visión de un futuro afincado en la voluntad y el reino de Dios.
 

Un comentario final. Reducir el oficio de Obispo a una administración de sobrevivencia y desconectada de una visión integral y evangélica del oficio y de la Iglesia es - para todo propósito práctico – limitar nuestro entendimiento de la Iglesia al activismo. El oficio de Obispo y la oficina sinodal son los lugares concretos donde podemos ver que la Iglesia es más que las cuatro paredes de nuestros templos y que sus límites están más allá del horizonte de nuestras propias narices. Afirmar el oficio, apoyar con espiritu amable y crítico el Oficio y la oficina, es incluirnos en la nube de testigos de todo tiempo y de todo lugar que confiesan a Cristo como salvador y al Dios Uno y Trino como el Dios del universo. Al elegir e instalar nuestro nuevo Obispo, pues, aceptamos un llamado, nos incorporamos a unas historias, vemos la vida y el mundo con unos lentes particulares, somos nutridos y fortalecidos de un mismo pozo y nos juntamos para servir un mismo Dios y a todo prójimo en necesidad. Que Dios nos ayude a aceptar este privilegio y esta responsabilidad con humildad de corazón y compromiso evangélico.

 

(Publicado con el permiso del Rev. Francisco Javier Goitía Padilla)

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