Marzo 2008
Hay un chiste viejo en que hay una Iglesia Pentecostal que empieza a pedir que baje el espíritu santo durante el culto y mientras están orando alguien empieza a cantar “manda fuego señor manda fuego” Cae un relámpago y se encienden los árboles del patio. Inmediatamente empezaron a cantar “Eran bromas señor eran bromas.” Habiendo crecido en un país en donde pasan huracanes que pueden llevárselo todo o nada, se que en aquel entonces no hay tiempo para cuestionarse porque. Se mira lo que queda y nos preguntamos como seguir hacia delante.
Viernes Santo 21 de marzo 2008, Andrea y yo nos preparábamos para el servicio organizando velas en el suelo con forma de cruz y a la vez camino que nos llevaría a cristo. El día anterior andábamos por el pueblo comprando materiales para el mismo Viernes Santo y el Taller de Pascua que estaría dando el sábado de gloria. Recién salíamos de una tienditas contentas de haber conseguido unos apoya velas en cristal para el altar redondo que estrenaríamos el jueves santo. A mitad de camino de vuelta a la iglesia la bolsa que los contenía resbalo y cayo al piso el vidrio crujiendo mientras inspeccionábamos con tristeza lo que quedo de nuestra compra.
Viernes las velitas estaban acomodadas y nos preguntábamos por que no guardamos los vidrios hubiesen sido buenísimos para el tema de viernes santo que es el rompimiento el desgarre la muerte. Yo terminaba de acomodar las Biblia y los himnarios, Andrea había salido al patio a buscar arena y para ver si podía romper algo viejo e innecesario para tener vidrios rotos en el culto. Dos minutos tras ella me encontraba en el patio había un cielo oscuro como de las nueve pero eran apenas las seis y media. Estaba demasiado oscuro y cuando mirábamos hacia arriba las nubes iba a las millas por el cielo. Marcos uno de los chicos del hogar también estaba en el patio mirando.
“Che parece el fin del mundo”
“Va llover no mas” dije yo. Pero las nubes se movían tan rápidas era un poco preocupante. Me di cuenta que no se oían los pájaros de siempre. Su cantar había sido sustituido por otro ruido.
“ ¿Che Andre que es ese ruido? Pregunto Marcos.
“ Parece las maderas de la construcción de al lado” dije yo.
“ No, no es eso.”
Me empezó a preocupar la mirada lejana de la pastora y el viento que soplaba en el cielo cayo abajo y nos empezó a revolcar a nosotros. ¡Wuuuuuu Wuuuuuuuuuu se escuchaba y el tanque de agua que mide casi igual de alto y ancho que yo se empezó a correr! Entre Andrea, Marcos y yo lo empujamos al pasillo entre medio de las casas entonces nos dimos a la tarea de remontar la puerta que daba al patio ya que se tuvo que desarmar para sacar el tanque. No habíamos ni siquiera enganchado a la puerta con los ejes cuando comenzó el granizo. Pelotones del tamaño del puño de un hombre grande patinando hacia dentro casi pegándonos en los pies. Ahí entramos en acción agarre una madera larga para tapar la salida al patio ya que no cerraban las puertas, Eugenia una de las chicas del hogar salio corriendo para cerrar las persianas de la oficina y todas la habitaciones que daban hacia la caída del granizo. Largo a llover y se corto la luz…
Lo próximo que se nos ocurre es que las puertas de la iglesia están abiertas. En la oscuridad Andrea se acerca a la oficina para salir a cerrar las puertas pero antes de entrar al templo hace una pausa cerrando sus ojos. Todos lo escuchamos el vidrio, escuchamos como se rompía tanto en el templo como en la casa. Andrea volvió a donde estábamos y escuchamos en la oscuridad como nuestro mundo se rompía. Pero como el primer Viernes Santo el sufrimiento llego a un fin después de un tiempo y pudimos encender una vela y ver mas aya de la oscuridad, lo que habíamos perdido lo que quedo, y darnos cuenta de lo mucho que Dios nos ama.
Entramos al templo y los vidrios arriba y detrás del altar estaban rotos el agua entraba por todas partes y el vidrio llegaba hasta la puerta de la entrada. No quedaba otra que esperar por que aun no llegaba la luz así que a la luz de las velitas jugamos cartas.
Sábado de gloria el día de espera de reconstrucción, nos levantamos temprano a buscar con que remediar los daños hechos. Entre Andrea, Jonatan un joven de la iglesia y yo pasamos gran parte del día sacando vidrios sueltos del ventanal y cubriendo los huecos con hule. Para sacar algunos de los vidrios sueltos que peligrosamente podrían caer adentro había que romper aun más así que agarramos unas piedras para tirar y aflojar aquellas partes que no podíamos con las manos solas. Con un esfuerzo logramos sacar lo que ya no se aferraba a algún marco y para las seis de la tarde habíamos cumplido con esa primera misión solo para tener que continuar y emprender la tarea de limpiar los vidrios caídos en el templo y prepararnos para la resurrección. No les voy a mentir estaba cansada pero mientras le poníamos el mantel a nuestra nueva mesa redonda se me ocurrió algo. Subí a la terraza que queda tras el ventanal y busqué dos pedazos grandes del vidrio roto. Estas las coloque sobre la mesa y sobre estos el domingo colocaríamos la comunión.
Resurrección, Domingo la gente fue llegando y nos quedamos mirando al cielo azul que traspasaba como un rompe cabeza a través del amarillo sobreviviente del ventanal. Como dije al principio las tormentas se llevan muchas cosas y dejan otras, para nosotros nos deja un recuerdo de una promesa de un acto de amor mediante el rompimiento de un cuerpo que se reconstruyó. Una oportunidad para darnos cuenta de que no estamos solos y que los que menos esperamos nos están acompañando en este caminar mediante la fe. Desde ese día hemos sentido el respaldo de las comunidades y como Dios nos guarda muy cerca de su corazón.
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