Buscando en el pozo

En la vida de la mujer del pozo había algo que no le permitía un desarrollo normal. Realizar las tareas a la hora indicada representaba un tipo de riesgo porque tenía que encontrarse con otras mujeres que podrían saber de esas cosas que ella prefería no tener que enfrentar. El realizar las tareas básicas se complicaba porque prácticamente tenía que realizarlas sin que nadie la notara o sin ayuda. Esta conducta aún esta presente en nuestra sociedad, pero antes analicemos la relación de nosotros en el hogar, trabajo y la iglesia. Hay veces que nuestras actitudes en cada lugar varían y esto ocurre debido a que nuestro estado de ánimo no esta en el nivel adecuado y la raíz de esta variación es que se nos olvida que la iglesia es nuestro pozo. No buscamos llenarnos de Dios, sino que preferimos tomar otros caminos para llenar nuestras vidas de otras cosas pasajeras que no brindan gozo.
Ahora debemos tener el valor para sobrepasar los obstáculos que se interponen en el camino: la comodidad, las excusas (que sólo satisfacen al que las da), no tengo tiempo, es el único día para levantarme tarde y otros que cada uno de nosotros conoce. Pero si deseamos llegar a sobrepasarlos debemos llegar al pozo (la iglesia), lugar donde el agua de vida brota para todos. Esto lo que presenta es un reto para el ser humano y es el de cambiar la forma de pensar, actuar, hablar y comenzar a realizar la voluntad de Dios y practicar la disciplina. Si nuestro deseo es resucitar a una nueva vida debemos cambiar. La semilla antes de ser un árbol debe morir, de esta manera adquirimos la identidad de cristianos que es la que Dios desea que reflejemos y esto lo logramos buscando en el pozo.
Junto a Jesús debemos compartir todos los aspectos de nuestras vidas incluyendo los momentos buenos de la misma manera que recurrimos a ÉL cuando estamos sedientos y no encontramos alivio para nuestra situación.
Por Martín López
(Himno de fondo "Dios" cortesía del Ministerio de Adoración Musical Judith Santiago)