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Pedro, ¿Me Amas?

En definitiva esta pregunta que Jesús le hace a Pedro todos la conocemos y la relacionamos automáticamente con las tres veces que Pedro lo negó. Pero aquí también tenemos a unos apóstoles que están dispersos y sus prioridades ya no son las mismas que antes porque el fundamento que los impulsaba ya no estaba con ellos.


Somos muchos los que estamos en la misma situación debido a que nos distanciamos de Dios cambiando nuestras verdaderas prioridades por otras, ya sea por las razones que sean, pero no hay ninguna que amerite cambiar a Jesús.
 

Ellos habían cambiando sus prioridades y estaban de regreso a lo cotidiano y no a lo que verdaderamente habían sido llamados a ser. Pero Jesús les sale al encuentro. A brindarles la ayuda que tanto necesitan para poder hallar la dirección que necesitan.


Asi que Jesús comienza edificando el cimiento en donde entonces se levantará la iglesia. Las heridas de Pedro no podían ser sanadas por cualquiera, porque son espirituales, y con esas trabaja Dios. Así que Pedro entra en una especie de taller espiritual para ser edificado. Estas heridas no habían sanado porque se había alejado de Jesús. Pedro necesitaba llegar ser una vasija nueva para el Señor. Para que luego pudiera edificar la iglesia.


Así que Jesús comienza a trabajar en la restauración de Pedro, proceso que lo entristeció, le dolió, pero la restauración tiene un resultado que es el crecimiento espiritual de una persona y la formación del carácter.


¿Hemos analizado qué es lo que Jesús esta cambiando en nuestras vidas? ¿Hemos quedado igual luego de qué Jesús termina el proceso? ¿Terminamos unidos a la persona de Jesús, vivimos en la presencia de Dios, somos conformados a la imagen y semejanza de nuestro creador? Luego, y solo luego estamos listos para la encomienda que Dios tiene para nosotros. De esta forma se nos prepara para tomar decisiones sabias y establecer las prioridades correctas.


La pregunta que esta en el tintero es, Pedro, ¿me amas mas que a todos estos? El no se quedo callado contestó, aún dentro de su confusión y duda, sabes que te quiero. Jesús con esta pregunta desea saber si Pedro es capaz de amarlo a el más que a todos los demás discípulos. Pero esta clase de amor (ágape) es el que recibimos de parte de Dios. Es un amor que da Dios a sus hijos. Es el amor divino de Dios manifestado mediante Jesús, amor que sobrepasa toda situación por la cual podamos atravesar, aun la traición, el odio, la ofensa al prójimo. Jesús buscaba si Pedro a pesar de haberlo negado podía amarlo de tal manera o si recibía el amor que Jesús le brindaba, porque es tan importante el dar como el recibir. Pero también debe ser capaz de amar a otros de la misma manera que Jesús lo ama. Y ahí es donde podemos manifestar el amor de Dios. CUANDO PODEMOS AMAR A LOS DEMÁS DE LA MISMA MANERA QUE JESÚS NOS AMÓ.


Pero esta pregunta tiene compañía y es que hay un pedido. Jesús le dice ve y pastorea mis corderos. Luego de la partida de Jesús mucha gente iba a llegar al evangelio a causa del mensaje predicado. Estas personas son los corderos, los recién nacidos en el evangelio. Que llegan hambrientos de Palabra que calme su ser interior, estan en búsqueda de refugio, de un lugar donde recibir ese amor verdadero que han buscado y no lo han encontrado. Debemos estar preparados para darles ese cuidado especial.


Los corderos al nacer necesitan ayuda para ponerse en pie, pero esto no lo logran solos la primera vez que lo hacen. También han de permanecer junto a su madre para alimentase y recibir de ella ese cuidado que es necesario para ese cordero recién nacido. Y recibe esa clase de cuidado hasta que pueden valerse por sí solo.


Con esta restauración hay una encomienda hecha por parte de Jesús a Pedro.


Pedro se encuentra en el taller del alfarero. Jesús como el alfarero y Pedro como el mejor barro esta siendo formado. Jesús continúa dándole vueltas al torno y moldeando el barro a la forma deseada para hacer de Pedro la vasija perfecta para la bendición que desea Jesús derramar. Pedro se convierte en nuestro ejemplo de perseverar en el torno, confiando que el alfarero obtendrá de nosotros la mejor vasija para derramar su bendición. Porque él no pondrá bendición nueva en vasija rota, en vasija que necesite restauración. Y este proceso es completamente necesario para poder ser conformados a ese amor que Jesús desea que podamos demostrar a nuestro prójimo.


El proceso continua, no se detiene. Y esta vez contesta de otra forma a la pregunta, si Señor tu lo sabes que te quiero. También con esta contestación hay otra encomienda, ve y pastorea mis ovejas. Y aqui no son corderos sino que son ovejas. Ya estan maduras y el cuidado que requieren es diferente a el del cordero. Estas también pertenecen al rebaño de Jesús asi que también hay que darles atención a cada una de ellas. Vamos conociendo como la restauración de Pedro va adquiriendo un nivel mayor, a medida que va progresando, demostrando asi la gracia restauradora de Jesús. Restauración que es con amor ágape ese primer amor que hablamos que supera todo obstáculo.


Jesús está al control y sabe muy bien lo que hace con cada oveja. Sabia que el resultado en Pedro rendiría fruto. Era solo cuestión de tiempo. Se comienza a fortalecer, pero aún no ha llegado a su final. Ahora por tercera vez Jesús le pregunta si lo ama. Lo podemos comparar con las tres veces que lo negó. Así Jesús culmina la vasija nueva, eliminando del corazón de Pedro toda mancha, saca de raíz el sentimiento de culpa que sentía por haberlo traicionado. Pedro en esta ocasión contesta haciendo énfasis en el poder divino que hay en Dios utilizando la respuesta, "Señor tu lo sabes todo". Ahora es que cae ante Jesús, "Señor tu lo sabes todo, tu conoces mi corazón y lo que hay dentro de el". Con esta clase de llamado Pedro recibe la encomienda de pastorear el rebaño de Dios y asume la responsabilidad.


Ahora es sellado este proceso con la invitación SÍGUEME. Y esto es más que meramente un llamado, sino que es el ir en pos de Jesús sabiendo todo lo que conlleva el seguirlo. Sabiendo que el camino tiene sus dificultades, las cuales afrontaremos con el amor de Dios en nuestros corazones. Y sabemos que no es solamente en esos momentos de alegría y conformidad donde lo vamos a seguir, sino que lo haremos llevando nuestra cruz. Lo haremos como lo hizo el mismo Pedro cuando estaba preso, confiando en el Señor que el nos acompañará en todo momento. Con la seguridad de que el Espíritu Santo nos guiará por el camino que debemos andar. Reconociendo que en esos momentos de dificultad, nos ceñimos el cinto, nos calzamos con el apresto del evangelio y continuamos aún cargando nuestra cruz en el camino hacia Jesús. Solo así con esa confianza puesta en Jesús podremos alcanzar la restauración que Jesús desea realizar en cada uno de nosotros para que así podamos establecer nuestras verdaderas prioridades.

 

Por Martín López

Juan 21:15-19
 

(Himno de fondo "Dios" cortesía del Ministerio de Adoración Musical Judith Santiago)